lunes, 16 de agosto de 2010

LA ISLA DE HIELO


A veces la página de un blog se parece mucho a una isla de hielo, que se mueve bajo la mirada de nadie, por un mar invisible. Las olas oscuras se encrespan a sus costados, le lamen con su sal corrosiva, mientras que la luna le anuncia su muerte, cubriéndolo con su luz mate y amarillenta de naipe. Pero el iceberg sigue avanzando con lentitud, derritiéndose a cada paso, a cada impulso, como las palabras que un tartamudo no termina nunca de pronunciar en los labios.

A veces la escritura se tiñe de cansancio y de desánimo, de hielo malsano. A veces escribir nos sumerge en nuestro vacío, como una manos ansiosas que no encuentran nada en los bolsillos.

El escritor comienza donde terminan sus libros. La escritura siempre es la palabra siguiente, la que no está dicha, la que nos amenaza con su fracaso, con no conseguir nunca su forma definitiva.

A veces escribir se parece mucho al final del verano, cuando las playas se quedan desiertas y el viento en remolinos nos recuerda el frío como un negro heraldo.

En la noche marítima, la isla de hielo continua avanzando por el mar invisible. Sabe que su dicha es entregarse, dejar de ser hielo blanco, para acabar formando parte del oscuro mar que, con su áspera lengua, le lame y le derrite.

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